Adicciones conductuales: del placer a la enfermedad.

videojuego.jpgNo siempre es necesario el consumo de una sustancia (alcohol, drogas) para padecer una adicción, en algunos casos una conducta que inicialmente es placentera, excitante y normalizada (compras, sexo, juegos, etc.) puede convertirse en adictiva (ludopatía, addición a compras, etc). El proceso de dependencia a veces no es percibido por la persona, pero existen diferencias clave entre un comportamiento habitual y una adicción: la falta de control sobre dicho comportamiento a pesar de las consecuencias negativas que produce en la persona.

¿Cómo detectar una adicción? Los signos más fiables para identificar una conducta adictiva son:

  • Progresivo aumento de la frecuencia e intensidad con la que se realiza un comportamiento, acompañado de una necesidad irresistible e intenso deseo de “tener contacto con” (consumir un producto o consumar una conducta).
  • Falta de control: Incapacidad para auto limitarse o auto controlar el uso, malestar o irritabilidad si tiene que reducir o parar de hacerlo.
  • Consecuencias negativas identificadas por uno mismo o advertidas por personas cercanas, a pesar de las cuales, la persona no es capaz de detener la actividad.
  • Negación del problema: La persona que padece una adicción habitualmente  no advierte la gravedad de los efectos negativos, niega que exista un problema y se irrita, o se pone a la defensiva, si alguien le sugiere que “eso” está fuera de su control.

En general, los trastornos adictivos requieren una intervención compleja y global, que incluya terapias grupales combinadas con atención psicológica individualizada, así como la colaboración de la red social (familia y amistades). No obstante, es posible abordar terapéuticamente el problema desde una consulta privada, bien como apoyo a los grupos de auto ayuda bien como elección única. Más de una década de experiencia en adicciones conductuales me permite ofrecer un tratamiento especializado para este tipo de problemas.

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Terapia post-separación: ¿y ahora qué?”

El divorcio o la separación de la pareja no sólo es una ruptura con una persona: es un nuevo comienzo que requiere superar la pérdida de un proyecto vital, reconstruirse, reinventarse y adaptarse a una nueva situación.

No todas las separaciones son traumáticas, pero en ocasiones podemos necesitar ayuda terapéutica para recobrarnos del proceso judicial, ajustarnos a un nuevo modelo familiar (régimen de visitas, comunicación con ex pareja) y a un nuevo estilo de vida independiente. Los puntos clave de este programa específico de tratamiento incluyen:

  • Estabilidad emocional: superación de la pérdida, manejo de estados emocionales desagradables (tristeza, ansiedad, ira), aprender a identificar y modificar los pensamientos desadaptativos, los componentes afectivos de las conductas y hábitos no saludables.
  • Autonomía: refuerzo de las expectativas positivas de cambio y percepción de auto eficacia. Entrenamiento en habilidades sociales y de afrontamiento, solución de problemas, toma de decisiones, manejo de contingencias. Fomentar las conductas de auto cuidado: actividades de ocio y cuidado personal dirigidas a revalorizarse como persona, no sólo como madre o padre.
  • Coparentabilidad: mejora de las habilidades parentales y adaptación a la nueva situación familiar, especialmente en cuanto al afrontamiento del régimen de visitas y comunicación con ex pareja: reducción de la conflictividad derivada del proceso judicial, fomentar la cooperación de ambas partes en el cuidado de los hijos, ser capaz de integrar la figura paterna en la cotidianidad del menor, diferenciándola del conflicto marital.